Abhijeet Rai Ensayos ENRUHIES
Ensayo

¿Por qué no puedo dejar de pensar de noche?

Se apaga la luz, y empieza. La mente que estuvo todo el día ocupada te encuentra por fin a solas en un cuarto silencioso, y abre los expedientes. Una vergüenza de hace diez años. El miedo a la reunión de mañana. Lo que debiste decir y no dijiste. El bucle gira y gira, y tú peleas con él — deja de pensar, duérmete — y pelear lo acelera.

Lo primero, que probablemente nadie te ha dicho: no tienes ningún defecto. La mente nocturna de todo ser humano es así — cuerpo cansado, poca luz, y la parte del cerebro que existe para buscar amenazas encuentra por fin la cancha vacía. Los pensamientos de las tres de la madrugada no son más verdaderos que los del día. Solo hablan más alto, porque todo lo demás está callado.

Pero ahora lo hondo — lo que este ensayo vino a decir. Haz un pequeño experimento, ahora mismo.

Intenta conocer tu próximo pensamiento antes de que llegue. Siéntate y espéralo. ¿De dónde vendrá? ¿Cuál será? Atrápalo antes de que aterrice.

No puedes. Nadie puede. Los pensamientos llegan terminados, desde un lugar que nunca has visto — como visitas que entran sin tocar la puerta. Y ese solo hecho cambia el cuadro entero.

Porque si los pensamientos no los fabricas tú — entonces el bucle nocturno tampoco lo estás girando tú. Te está ocurriendo. Como te ocurre la lluvia. Con la lluvia no peleas, no te avergüenzas de ella, no cargas con la responsabilidad de detenerla. Abres el paraguas y la dejas llover.

Ahora mira lo que haces de noche en realidad. Apenas llega cada pensamiento, saltas dentro de él — a resolverlo, a discutirle, a espantarlo. Es decir: con cada nube que pasa, te pones a llover tú también. La pelea no son los pensamientos. La pelea es la creencia de que estos pensamientos son míos, yo los hice, y detenerlos es mi trabajo.

En lugar de esa creencia, prueba esto una noche. Cuando empiece el bucle, en vez de pelear, da un paso atrás y solo mira — como se mira la lluvia desde una ventana. Deja venir cada pensamiento, ponle nombre — ah, llegó el de la vergüenza vieja… este es el del miedo de mañana… — y déjalo pasar. Descubrirás que los pensamientos se alimentan de tu atención como el fuego del viento. Discutirles los alimenta. Solo mirarlos los va dejando, poco a poco, sin comida.

Y en ese mirar se esconde algo más — el descubrimiento más grande de todo mi libro: los pensamientos vienen y van, pero el que mira no viene ni va. Cuando pasó aquella vergüenza de hace diez años, algo estaba mirando. Al bucle de esta noche también algo lo está mirando. Y ese que mira no ha estado ansioso ni una vez — la ansiedad estuvo siempre en lo mirado, nunca en el mirar. A las tres de la madrugada tienes dos direcciones posibles: dentro de la tormenta, o junto a la ventana. Las dos son tuyas. Pero solo en una se duerme.

Así que esta noche, cuando empiece el bucle: no pelees. Solo recuerda esto — estos pensamientos no los invitaste, no los fabricaste, y el que los mira no ha sido roto por ellos ni una sola vez.

Quién es ese que mira, de dónde vienen los pensamientos, y dónde está ese "yo" que asegura estar manejando todo — ese es el viaje entero de mi libro Nunca fuiste tú.

Lee el libro

Si esto te habló, el viaje completo está en Nunca fuiste tú — en palabras simples, sin nada que vender.

Lo leo todo. Si quieres más claridad, escríbeme — me alegra ayudar.

← Todos los ensayos